Mostrando entradas con la etiqueta conducción. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta conducción. Mostrar todas las entradas

jueves, 28 de septiembre de 2017

Autores de Meridiano: Javier Costas Franco

Continuando con la presentación de nuestros autores, en este caso contamos con Javier Costas, autor de: "Tranquilos, que yo controlo", de Meridiano Editorial.

Como siempre desde que comenzamos esta serie, reproducimos las palabras del autor.



¿Por qué escribir sobre seguridad vial?



"Empecé mi carrera profesional a los 18 años, y desde entonces tuve un contacto habitual con el mundo de la seguridad vial, al que había estado ligado solo como alguien a quien le despertaba curiosidad. En todo este tiempo he comprobado que con una mayor educación vial, el número de accidentes, heridos y fallecidos bajaría de forma impresionante. 

Existe una profunda incultura sobre lo que esto significa y el impacto que tiene en toda la sociedad.


Aunque hoy día tenemos en España la siniestralidad histórica más baja -en relación al número de vehículos y gente que circulan- cada día fallecen en nuestro país entre tres o cuatro personas. En cierto modo nos hemos acostumbrado y creemos que, debido al progreso, es una cifra aceptable y que poco más se puede hacer por reducirla. Primer error. 

Prácticamente 9 de cada 10 accidentes se pueden explicar por un error humano, por descuido, negligencia o mala intención. Los coches autónomos bajarán la siniestralidad al mínimo en décadas, ¿y mientras tanto? Ahí entramos en juego nosotros, las personas.


Cuando escribí "Tranquilos, que yo controlo" intenté encontrar la forma de poder contar cosas aburridas, técnicas y desagradables a un público poco predispuesto a mirar ese contenido. Es más, pensé en la gente que solo ve el transporte por carretera desde una perspectiva 100% pragmática, como si fuesen electrodomésticos. Esa era mi idea, trasladar a la gente algo que le concierne en su día a día, pero que no le suele prestar atención. 



Portada del libro del autor


Espero que cada lector de "Tranquilos, que yo controlo" esté mucho más preparado para evitar situaciones peligrosas y pueda salir airoso de ellas. Lo que cuento en sus páginas me lo he aplicado a mí mismo multitud de veces, y de momento puedo decir que he salido siempre ileso, aunque me haya llevado más de un susto.

Todos tenemos responsabilidades en el tráfico, empezando por ser peatones, y no hace falta conducir un vehículo para sufrir un accidente. Es tan sencillo como ir despistado, mirando el móvil o dispersos en nuestros pensamientos. A veces una simple mala acción, descuido o torpeza puede tener grandes consecuencias. 




Ejemplo de accidente de tráfico





Solo hay que imaginar cómo serían nuestras vidas si los accidentes de tráfico y sus consecuencias se redujesen en un 90%. Pongamos todos de nuestra parte, y controlemos de verdad, porque aún queda tiempo para que los coches autónomos hagan de las carreteras un lugar tremendamente seguro."

viernes, 27 de enero de 2017

¿Conductores adolescentes?

 Javier Costas, nos habla de esta cuestión en uno de los capítulos de su libro Tranquilos, que yo controlo:

«Este es un tema bastante interesante. No hay ninguna normativa que impida a un menor de edad conducir dentro de un recinto privado y cerrado al tráfico. En Reino Unido encontré una iniciativa que ya nos gustaría tener en España. A un precio muy similar al de una autoescuela convencional, Young Driver da clases a niños que hayan cumplido once años y superen 1,42 metros de estatura. Los chavales pueden empezar a conducir un coche de verdad en un entorno simulado, con todas las garantías, instructores profesionales y con lecciones que servirán para su futuro como conductores. Incluso tienen en el catálogo de coches un Bentley Arnage —con 400 CV— para pasear en el asiento trasero a los padres, obviamente con un instructor como copiloto. Ya tienen montado un chiringuito de cuarenta y dos centros por todo el país.
¿Tendría viabilidad algo así en España? Sinceramente, no lo sé, pero estoy seguro de que todos los chicos que pasaran por una escuela similar iban a ser unos conductores de primera. La mente de un niño es una esponja y absorbe los conocimientos con facilidad. Si desde el principio se adquieren buenos hábitos se evita que en el futuro se tengan manías y defectos al conducir. De todas formas, puede que estemos hablando más de una actividad lúdica que de otra cosa.
Ahora nos podemos preguntar si tiene sentido que los menores de edad puedan conducir, como etapa previa al examen de conducir (es decir, ya próximos a la edad legal) y tras haber pasado por la autoescuela para lo más fundamental. De esto se empezó a hablar en 2011, cuando la DGT lanzó un globo sonda sobre la posibilidad de que pudiesen conducir acompañados por un adulto con carné. Habría condiciones, claro, que el adolescente en cuestión hubiera dado al menos veinte clases y tuviera el examen teórico aprobado. Tal y como expliqué en el capítulo anterior, tengo serias dudas de que cualquier adulto tenga las virtudes necesarias para enseñar en condiciones, por no mencionar la posibilidad de transmitir manías de profesor a alumno.
Es una cuestión muy delicada, sin duda, pero la idea no es nueva. En países como Alemania, Canadá, Francia, Suecia o Australia se hace desde hace años. En Francia, por ejemplo, los aspirantes a «profesores» deben pasar un examen previo, lo cual me parece estupendo. En Alemania, los «profesores» deben cumplir también una serie de condiciones.


Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien, seguridadvial, motor, Javier Costas, Meridiano Editorial, libros



En España ya circulan unos cuantos adolescentes con los cuadriciclos o microcoches que se pueden conducir con licencia de ciclomotor y no son precisamente un peligro público. Y conducen solos o acompañados. En Estados Unidos se puede empezar a conducir legalmente desde los 16 años y pueden ir al instituto con coche, tal y como nos han recordado tantas películas americanas.
Pero no pensemos automáticamente que es la mejor idea del mundo. Según datos del IIHS, los accidentes de tráfico son la primera causa de muerte no natural de los adolescentes de Estados Unidos y en los primeros meses hay que tener cuidado al cruzarse con estos jóvenes conductores, aunque la mayoría de los tortazos se los dan ellos solitos. Y curiosamente la posibilidad de accidente se dispara cuando un adolescente conduce con otros tres adolescentes en el coche. Menuda bomba hormonal en tan poco espacio.
Un fabricante especialmente concienciado con este problema es Ford, que desarrolló un sistema de llaves restringidas denominado MyKey. Además del doble juego de llaves normal al comprar el coche, se puede pedir una llave adicional que identificará al conductor adolescente al ponerse al volante. El propietario puede capar ciertas funciones del coche, como limitar el volumen máximo del equipo de música (que no va a sonar si hay cinturones sin abrochar), evitar que se sobrepase una velocidad determinada, no poder desconectar el control de tracción (se evitarán derrapes y macarradas) o incluso recibir una alerta si el coche sale de un área determinada.
Volkswagen está empezando a adoptar un sistema parecido con su opción Car-Net Security & Service y sin duda se irán sumando más fabricantes con servicios similares. Por cierto, quien habla de conductor adolescente, habla de cualquier persona de dudosa fiabilidad a la que se le preste el coche, como cuñados, primos, yernos, etc.

Esta perversión tecnológica no tendría sentido si los vástagos cumpliesen al pie de la letra las órdenes y condiciones de los padres, que son los que han pagado el coche. No hace mucho tiempo fui adolescente y si mis padres me hubiesen dejado el coche con un chivato electrónico que delatara mis posibles faltas (lo cual habría implicado un castigo hasta el siglo XXII), me habría pensado muy mucho hacer cualquier tipo de tontería con él».

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.

martes, 3 de enero de 2017

Hablemos de drogas

Este es el título de uno de los capítulos del libro de Javier Costas Franco, Tranquilos, que yo controlo, que trata los distintos aspectos de la seguridad vial. La cuestión de las drogas y la conducción sigue siendo bastante desconocida socialmente, así como para muchos conductores y también para los propios consumidores de estas, que con frecuencia no son conscientes de sus efectos ni de la duración de los mismos, así como tampoco de sus consecuencias. Javier lo explica magistralmente en las siguientes líneas:

Meridiano Editorial, Tranquilos que yo controlo, conducción, seguridad vial, drogas, conductores



















«Qué decir de las drogas, donde se incluyen muchas sustancias que son perjudiciales para el cuerpo o que, como mínimo, alteran bastante su funcionamiento. Existen muchos tipos, pero me voy a referir a las denominadas «drogas recreativas» (los medicamentos y el alcohol tienen un tratamiento aparte). Tomar algunos tipos de drogas no tiene por qué ser algo estrictamente negativo si se hace en condiciones muy controladas, con información, y sobre todo, si no se hace mientras se conduce o con la previsión de hacerlo pronto.

Me pondré en el caso más favorable, un consumidor responsable, informado, que toma poco y cuando no tiene que hacer ninguna tarea importante y se fuma un porrillo de marihuana, o dos, o los que sean. Tras seis horas y pasados los efectos —al menos en apariencia— se pone a conducir. De repente, se topa con un control antidrogas. La prueba se hace con la saliva, se moja un bastoncillo en la boca y se guarda para análisis. Si hay restos de sustancias prohibidas en la saliva, legalmente es lo mismo que conducir drogado (un delito), no hay un margen de no denuncia más allá de la tolerancia de la prueba.
Ahora me pongo en el caso desfavorable, un cabezahueca que conduce en mitad de un pedo. Merece que lo encierren y tiren la llave al mar, porque el riesgo que provoca para la circulación es altísimo. Y no hace falta ir pedo para ser un peligro, basta con tener las funciones psicomotrices alteradas, pues estamos controlando un vehículo en una vía pública, con todas las consecuencias que ello implica.

La normativa de nuestro país tiene el principio de tolerancia cero con las sustancias tóxicas. Es decir, si el resultado del control es positivo es que quedan restos de droga, por lo que se considera afectada la capacidad de conducción aunque no haya efectos visibles. No importa la cantidad detectada, sino si hay o si no hay ¡y puede afectar también a los consumidores pasivos en espacios cerrados sin ventilación! Si hay restos, la multa es de 1.000 euros, se pierden seis puntos y también se considera un delito contra la Seguridad Vial (Art. 379.2 CP), con las consecuencias antes descritas (...).

(...) Hasta el agua es capaz de matar a un ser humano con una dosis excesiva. Las demás sustancias de la lista deberían ser evitadas por simple sentido común, se conduzca o no. Y por analogía, tampoco es buena idea viajar con pasajeros que están consumiendo droga en marcha, existe riesgo de consumo pasivo. En la web de la Fundación MAPFRE hay una lista de «trucos» que tienen efectividad nula para reducir la posibilidad de dar un positivo por drogas, que procedo a resumir. Da igual echarse la siesta, esperar pocas horas, tomar cualquier tipo de bebida, chupar granos de café o hacer más abdominales que Cristiano Ronaldo. Nada de eso reducirá la presencia de drogas en la saliva, así que en su caso habrá que afrontar el castigo con dignidad. De hecho, menos mal que el análisis no es de sangre, porque una analítica común revela restos de drogas en el organismo semanas después de haber consumido por última vez...
Ocurre como con el alcohol, solo pasaremos como limpios en una prueba si realmente estamos limpios y eso implica que el cuerpo tiene que deshacerse de las sustancias mediante unos procesos que llevan tiempo y que no se pueden acelerar con trucos baratos. Si consumes, no creo que te convenza para dejar de hacerlo, pero puedo intentar sugerirte que mejor que conduzca otro por ti hasta que te hayas quedado totalmente limpio o que busques alternativas de transporte o un alojamiento temporal. Por ejemplo, al día siguiente de haber fumado porros uno puede encontrarse bien, pero puede notar a lo largo del día dolor de cabeza o dificultad para concentrarse. Si no se tiene la previsión de conducir, mejor. Si te da por fumar porros un viernes y no conduces hasta el lunes, tranquilo, no tendrás problemas con la Benemérita ni con la justicia».

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La actitud al volante

Este es el título del primer capítulo del libro de Javier Costas, Tranquilos, que yo controlo. Merece la pena leerlo y tenerlo bien presente siempre, porque en el caso de la conducción tener una actitud adecuada es absolutamente decisivo.
Extractamos a continuación algunos textos de ese primer capítulo:

«Digamos que hay dos tipos de conductores: los que conducen porque les gusta y los que lo hacen solo porque tienen que hacerlo. Ambos tipos estamos condenados a compartir la carretera y la calle, por lo que nos tenemos que tomar esto de conducir con un mínimo de seriedad. Hay muchas cosas en la vida que se hacen por necesidad, pero que hay que hacer bien aunque no sea algo apasionante a priori. Parafraseo a Miquel Bort, un experto en seguridad vial: conducir es como trabajar.
Un buen conductor no es solo el que es capaz de llevar la máquina bien, sino el que es capaz de conducirse a sí mismo. Eso implica tener una actitud de respeto por los demás, respeto por uno mismo, respeto por la máquina que se conduce y respeto por la vía por la que se transita. En ningún caso hay que conducir con miedo, se trata de conducir con respeto. El miedo a conducir se llama amaxofobia y hay formas de superarlo con ayuda profesional.
Todos conocemos a algún conductor miedoso, en ambos géneros. No les gusta conducir ni les gustan los coches y cuando se ponen al volante es por necesidad. Si tienen que ir de copilotos no van a discutir; es más, lo van a preferir. Si tienen que ir a algún lugar medianamente lejano, seguramente se decanten por el autobús, el tren o incluso el avión. Por muy prudentes que sean al volante, en cierto modo son un peligro y lo más fácil es que no lo sepan. Las reacciones de los conductores miedosos son imprevisibles, incluso para ellos mismos. Creerán que con circular despacito y con cuidado es suficiente. Se equivocan; prudencia y velocidad no van siempre de la mano (...).
(...) ¿Quién te conoce más en esta vida? La respuesta evidente debería ser: “yo”. Ese conocimiento te debería servir para saber cuándo estás en condiciones de conducir y cuándo no. Hay muchas cosas que pueden alterar el correcto equilibrio de uno mismo. No hace falta haberse tomado cuatro cubatas; basta una discusión acalorada con una persona, tener un agobio emocional o tener la autoestima por los suelos para ser más peligroso de lo normal (...).

Seguridad vial, conducción, Tranquilos que yo controlo, Javier Costas, motor


(...) Si alguna persona te dice que puede conducir sin que le afecten las emociones, o es un cíborg o miente. Hasta el conductor más profesional del mundo no es un autómata sin sentimientos. Para bien o para mal, somos sensibles a las emociones y el acto de la conducción está sujeto a unas cuantas. Recomiendo encarecidamente que veas el dibujo clásico de Disney «Motor Mania» de 1950, en el que Goofy nos explica un concepto muy cotidiano y que no ha perdido vigencia: todos los conductores tenemos rasgos bipolares. Hasta el señor más amable, educado y templado puede convertirse en un completo imbécil cuando se pone a conducir (…).
(…) No quiero ser el mayor hipócrita del reino, tengo que admitir que me he picado y más de una vez. A toro pasado todos somos Manolete y en frío se acaba concluyendo que fue una estupidez. No me siento orgulloso de ello. Otras veces he sido capaz de pasar del tema y permitir al ofensor que ponga tierra de por medio y si quisiera matarse que lo hiciera sin mi colaboración. Otras veces he sido yo el ofensor y más de uno ha echado pestes de mis ancestros. También soy humano, he hecho tonterías, me he equivocado y he tenido amagos de protagonizar más de un FAIL, pero he procurado quedarme con una moraleja siempre (...)
(...) Cuando uno está a lo que tiene que estar, puede no solamente recibir todos los estímulos sino hacer previsiones. El ser unos aprendices de adivinos puede evitarnos muchísimos sustos. Es evidente que no podremos hacer eso si conducimos con miedo —no confundir con ser prudentes— ni si estamos pensando en las musarañas. Todos los sentidos tienen que estar implicados en el acto de conducir. El que no esté de acuerdo, que se espere unos años y se compre un coche autónomo, hará un favor a la sociedad.
Todo puede cambiar en un instante. Puede sonar a fórmula viejuna y pasada de moda, pero lo cierto es que no ha perdido vigencia en ningún momento. ¿Nunca te ha pasado que confiabas en que todo iba a ocurrir de una forma y ha ocurrido un imprevisto, algo que no habías barajado? Puede ser un animal en la calzada, pisar una mancha de aceite en plena curva, un fallo mecánico, un anuncio de lencería... Cuanto menos dejemos que el factor suerte influya en la conducción, mejor para todos».

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.

sábado, 19 de noviembre de 2016

La historia de Helena

Este texto está está extraído de uno de los capítulos del libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien, de Javier Costas Franco. No necesita más comentario.

«Nunca conocí a Helena, por lo que todo lo que sé de ella es a través de lo que contó su madre, Flor Zapata. Helena era una chica normal, tenía veinte años, pareja, estudiaba una carrera con beca Erasmus y estaba pasando unos días en España antes de volver a Holanda. La tarde del 17 de abril de 2005 volvía de la sierra madrileña con Álvaro, su novio, al volante de un viejo Renault Clio, pero nunca llegó a su casa de Alcobendas. Un coche descontrolado con un borracho al volante chocó contra el suyo a gran velocidad, acabando con ella en el acto. Álvaro sobrevivió de milagro. Si vieses cómo quedó el coche…

El homicida de Helena era un militar que había estado toda la noche sin dormir, de guardia, y al terminar su turno estuvo tomando copas en la cantina durante varias horas. Cómo iría de cocido que en vez de adelantar al coche de Helena lo embistió —como si no estuviese ahí— y lanzó al Clio por encima de los guardarraíles. Fue una combinación de todo: iba demasiado rápido, demasiado bebido, con prisa… y no se había dado cuenta de que no estaba en condiciones para conducir ni un coche de juguete. Helena tuvo la mala suerte de estar ahí, sin tener culpa de nada. Aunque el sujeto en cuestión fue a la cárcel un tiempo, el daño que provocó es irreparable. 


Helena era hija única, sus padres quedaron destrozados y Álvaro perdió a su futura mujer. Te daré un dato un poco escalofriante: el anillo de compromiso de Helena estaba doblado. Podemos imaginar que cuando impactó el bólido contra el Clio, Helena apretaría el volante con todas sus fuerzas intentando agarrarse a la vida, pero se le escapó. Su verdugo dio positivo en alcoholemia, 4,5 veces por encima del límite. Su abogado dijo en su defensa que los etilómetros estaban mal calibrados y que solo había tomado «cuatro cervezas». A lo mejor eran cuatro cervezas de litro, por lo menos (...).


Quiero conducir quiero vivir, Helena Castillo Zapata


(...) Han pasado más de diez años de aquello y la madre de Helena, Flor Zapata, sigue escribiendo en internet para remover conciencias. Si lees su blog Quiero conducir, quiero vivir, se te quitarán las ganas de por vida de conducir tras haber bebido, a nada que tengas un mínimo de empatía.

Detrás de cada vida que se va por culpa del alcohol o las drogas siempre hay una historia, una familia, amigos, pareja… un efecto dominó. Sé que poca gente se levanta con el propósito de ser un homicida y seguro que más de un inconsciente ha llorado mucho y pedido perdón millones de veces por lo que ya no es reversible. Nada de eso cambiará las cosas. Hay que actuar antes y prevenir.

Cada vez que vayas a conducir contéstate con toda sinceridad: ¿realmente estás en condiciones de conducir o puedes esperar unas horitas o la noche entera? Mi definición de "ir bien" es poder conducir como si estuviese totalmente sobrio, es decir, no notar que algo no va bien. Pero los expertos van más allá y coinciden en que no es igual conducir sobrio que dentro del límite tolerado, porque el riesgo es superior al empezar a verse afectado el organismo (otra cosa es darse cuenta de ello). 

Puedes intentar engañar a cualquiera, pero no a ti mismo. Eres adulto, mayorcito, responsable de tus actos, así que pregúntate si estarías dispuesto a cargar un muerto sobre tu conciencia. Hay chicos que en una noche loca, volviendo de unas fiestas o una discoteca, se han cargado a todos sus pasajeros al chocar contra un árbol, la mediana, un camión… y tienen el resto de su vida para cumplir la durísima penitencia.

Dejo lo siguiente para la reflexión colectiva: según los datos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses, el 29% de los conductores y el 21% de los peatones que fallecieron en 2015 en accidentes de tráfico superaron los límites de alcohol en sangre tras un análisis forense. Habría que añadir a estos datos las víctimas que pasarían esos análisis con tasas de 0,0, como Helena Castillo Zapata».

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Una cuestión de salud

En principio puede resultar un poco raro el título de este post, teniendo en cuenta que vamos a hablar de un libro de conducción y seguridad vial.
Sin embargo, si nos paramos a analizarlo un momento, lo cierto es que no resulta tan extraño. Conducir es una necesidad, un placer o ambas cosas. En cualquier caso, es una actividad más de nuestra vida y, como tal, comporta unos riesgos. Este pequeño matiz es el que, aunque lo conozcamos de sobra, a menudo olvidamos: que la conducción comporta riesgos. Y que, precisamente por eso, debemos esforzarlos por conjurarlos para hacer que disminuyan al máximo y, en un futuro ideal, para llegar a eliminarlos, por nosotros y por los demás. Porque esa es una de las características que tiene la conducción: no solo somos responsables de nosotros sino indirectamente de todos los demás. Conductores y peatones nos conciernen y debemos estar tan atentos a ellos como a nosotros mismos.
En este sentido, es fundamental no olvidar tampoco esto último, es decir, no dejarnos de lado a nosotros mismos. Y es que, del mismo modo que no haríamos el amor con un desconocido sin utilizar un preservativo, no tomaríamos el sol sin usar una crema protectora adecuada o, simplemente, no saldríamos a la calle sin paraguas en un día de temporal, tampoco tiene sentido que nos subamos a un coche sin tomar una serie de precauciones, la mayoría de ellas muy sencillas, pero absolutamente básicas. Hagámoslo por los demás también pero, en primer lugar, por muy egoísta que suene, por nosotros mismos.

Tranquilos que yo controlo, Javier Costas, conducción, seguridad vial, motor, vehículo










Esta es una de las cosas que nos enseña Javier Costas Franco en su libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien. Como experto en seguridad vial, Javier nos recuerda todas aquellas normas que debemos cumplir para una circulación segura, así como las consecuencias de todo tipo que tiene o puede tener no practicarla. Y no lo hace con espíritu moralista ni legalista (aunque es obvio que debemos atenernos a la ley), sino con un sentido informativo, didáctico y eminentemente práctico, con objeto de que sepamos de verdad cómo tenemos que comportarnos para hacer las cosas bien.
Y aquí es donde se explica el sentido del título de este post: porque si antes no estuviéramos convencidos, a estas alturas ya deberíamos ser conscientes de que la seguridad vial es ante todo un problema de salud y como tal debemos de tratarlo. A bordo de un coche o fuera de él, estamos obligados a mantener nuestra protección si no queremos estar a merced de las circunstancias y expuestos a que nuestra vida se trunque o, lo que es en realidad peor, truncar la vida de terceros por una negligencia nuestra. Lamentablemente, por el momento seguirá habiendo accidentes, pero es nuestra obligación minimizar su número y sus consecuencias. Eso se llama prevención y la prevención es salud. Algo que cada vez que subimos a un coche, aunque sea para recorrer unos pocos metros, deberíamos tener en cuenta siempre, que conducir es una cuestión de salud.

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.

sábado, 22 de octubre de 2016

La segunda oportunidad

No nos lo hemos propuesto, pero el título de este post es mucho más significativo de lo que pensábamos en un principio.
Las personas de más de cuarenta años que lean esto, recordarán sin duda un programa te televisión que se emitía en lo que en aquella época se conocía como «la primera cadena» de Televisión Española y que se llamaba La segunda oportunidad. Aquel programa estaba presentado por Paco Costas, un periodista de Motor que nos introdujo con ese y otros programas en el mundo de la Seguridad Vial.
Paco Costas fue un pionero y con aquel programa de televisión consiguió concienciarnos, incluso a los que entonces éramos niños, de que conducir no era cualquier tontería y que era importante hacerlo con los conocimientos necesarios y con la seguridad adecuada.
A Paco Costas le debemos en gran parte que España sea a día de hoy un país civilizado en términos de conducción. Afortunadamente, la calidad y la seguridad de nuestras carreteras se ha elevado de forma muy sensible en estos últimos años, lo que unido a que nuestros niveles de conciencia vial también se han elevado gracias a personas como él, hace que en nuestro país la conducción no sea una aventura temeraria como lo es hacerlo en Egipto, Turquía e, incluso, en muchas ciudades de la propia Italia. Paco Costas hizo mucho en ese sentido, sin duda, y le estamos agradecidos por su labor.

Tranquilos que yo controlo, Javier Costas, Paco Costas, conducción, seguridad vial, motor

Sin embargo, lo que no podía saber don Paco es que con el correr de los años acabaría teniendo un nieto. Y que ese nieto iba a seguir sus pasos con el mismo empeño, la misma tenacidad y el mismo rigor que él. Ese nieto es Javier Costas, un relevante periodista de Motor, probador de coches y experto en Seguridad Vial que, sin proponérselo, pero sin duda también sin poder sustraerse a la influencia del abuelo, ha seguido los pasos de este, convirtiéndose a día de hoy en su (y en nuestra ) «segunda oportunidad». Javier ha recogido el testigo y ha seguido la estela de aquel, pero quizás gracias a su formación como informático, es si cabe aún más riguroso y más técnico. Por eso, en su libro Tranquilos que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien hace un recorrido casi enciclopédico a través de todos los avatares del mundo de la conducción. El libro tiene tres partes diferenciadas, que estudian al conductor, el coche y la carretera, y cada tema se despliega en un buen numero de capítulos breves, para terminar con una cuarta parte dedicada a la descripción de los más modernos sistemas de seguridad, tan al día como la edición del libro.
Hemos de agradecer que Javier Costas haya escrito un libro tan completo como amable y fácil de leer, un libro que resultará muy ilustrativo y contiene enseñanzas fundamentales para todos aquellos que conducimos. En resumen, se trata de una lectura imprescindible tanto para novatos (que podrán aprender todo aquello que no se enseña en la autoescuela) como para conductores experimentados o, como abuelo y nieto dirían: «para los que no saben, para los que saben... y para los que creen que saben». Muy especialmente para estos últimos, claro.

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

¿Te gusta conducir?

Sí, ya sabemos que ese es el eslogan de una conocida marca de coches. Pero no deja de ser una buena pregunta. Y lo cierto es que se puede contestar de muchas maneras. Porque hay mucha gente a la que, sin duda, le gusta conducir, pero también hay otra que lo hace porque no tiene más remedio y una tercera que directamente lo odia y afirma que no conduciría en su vida.
En realidad, Javier Costas en su libro Tranquilos, que yo controlo, difícilmente conseguirá interesar a estos últimos, pero sin duda entusiasmará a los dos primeros. Todos aquellos que disfrutan de la conducción encontrarán en el libro de Javier un buen montón de ideas y consejos para mejorar su conducta al volante y la manera de afrontar situaciones difíciles a bordo de un vehículo. También podrán conocer un buen número de informaciones relativas a los nuevos sistemas de seguridad vial que, sin duda, están revolucionando la conducción que, dentro de quizás no muchos años, es posible que sea una tarea autónoma (pero nos tememos que todavía falta un poco...).
Sin embargo, aquellos a los que no les gusta demasiado conducir disfrutarán también mucho de este libro porque... conseguirá sin duda que les guste conducir. Y es que Tranquilos, que yo controlo es también una guía para que aquellos que por inseguridad, ignorancia, miedo... no disfrutan de la conducción, se acerquen a ella con seguridad y con ilusión (dicho en en sus propias palabras: «con respeto, pero sin miedo».

Tranquilos, que yo controlo, Javier Costas, Meridiano Editorial


Javier Costas a lo largo de las páginas de este libro nos guía, como el experto que es, y nos ayuda a cruzar ese puente que hay desde los conocimientos básicos adquiridos en la autoescuela (y que nos permiten, más o menos circular) hasta la sabiduría de un especialista en motor y en seguridad vial que nos invita a acompañarle en este aprendizaje.
¿Y qué nos enseña Javier? Pues en tres grandes bloques, todo lo que hace falta para ser unos conductores responsables, hábiles y seguros. En la primera parte del libro, nos analiza a nosotros como conductores y nos muestra nuestros errores y carencias más frecuentes. La segunda está dedicada a todos los aspectos relativos al vehículo. Por último, en la tercera podemos encontrar todos los avances en seguridad vial que facilitan la conducción, así como nuestra seguridad y la de los restantes pasajeros.
¡Ah! Nos gustaría subrayar que este no es un libro «para chicos». Es verdad que tradicionalmente los temas de motor se asocian a menudo con el sexo masculino, pero hace mucho tiempo que las mujeres conducen tanto y tan bien (o mejor) que los hombres, por lo que estamos seguros de que probablemente serán muchas las que disfruten de este libro.
Por último, queremos dedicarles ese libro a ese último grupo al que aludíamos al principio, a los que dicen que odian la conducción. Vale, aceptamos que no os interese nada, pero que sepáis que si sois nuestros pasajeros, seréis los primeros a los que queramos cuidar. En cualquier caso, como dice el propio Javier al final de su libro: «Nos vemos en la carretera».

Os recomendamos que podéis adquirir el libro Tranquilos, que yo controlo. Manual de conducción para gente de bien sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.