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domingo, 13 de noviembre de 2016

Entendiendo la sobredotación

Hay alguien ahí, Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, Meridiano Editorial, sobredotación, superdotados, altas capacidades

La mayoría de las veces, los editores debemos vencer nuestro entusiasmo y callar, dejando hablar a los autores de los libros. Porque, sin duda, un buen libro siempre se explica por sí solo.
Es el caso de ¿Hay alguien ahí?, de Marta E. Rodríguez de la Torre, un libro maravilloso sobre los superdotados que comienza su introducción con estas palabras:

«Queremos lo mejor para nuestros hijos: que estén sanos, que sean felices, que tengan lo que nosotros no tuvimos, aunque también es lógico que nos preocupemos de que igualmente dispongan de lo que sí tuvimos, y es un anhelo razonable que sean como los demás o, por decirlo de otra manera más políticamente incorrecta, normales.
»Todavía se escuchan en nuestra cabeza ecos del vecindario de nuestra infancia donde se oía que el hijo de no sé quién era rarito, que tal pariente menudo problema tenía pues le había salido la niña con unas manías que no les dejaban vivir tranquilos y que si el niño había nacido tonto era una desgracia aunque fuera un angelito y nos colmara de alegrías.
»Pero también podía plantearse el problema de que el niño fuera tan listo que se pasara de rosca, se convirtiera en un inadaptado y terminara sus días loco perdido en un manicomio. Por eso era lógico que nos educaran para ser iguales a los demás, a hacer lo mismo y al mismo tiempo que los otros, para no salirnos del carril. Lo que sucede es que algunos no éramos ni somos como la mayoría y ni podemos ser felices haciendo lo mismo que los otros ni —lo que es igualmente importante— tampoco hacer felices a los demás de esa manera.
»Un sobredotado es aquella persona cuyo cociente intelectual se encuentra por encima de la media de la población, su imaginación, creatividad y curiosidad también superan esa cota, posee pensamiento divergente, científico y múltiple de manera natural y cuenta con hipersensibilidad emocional. Sin embargo, la memoria colectiva nos lleva a la confusión y nos conduce al Pitagorín del Pulgarcito, ese niño repelente que se pasaba el día inventando cosas raras y que lo sabía todo por ciencia infusa, o a las pizarras llenas de fórmulas intrincadas de Einstein o Planck. En este punto hay que empezar a distinguir: un niño listo es posible que no dé problemas, entienda todo al momento y apruebe siempre. Pero eso no es un sobredotado. Un niño inteligente puede resolver cualquier problema que se plantee y adaptarse perfectamente al ritmo de una clase normal, lo cual no es necesariamente válido para las personas sobredotadas.
»Por otra parte, es frecuente que las personas que le dan muchas vueltas a la cabeza acaben trastornadas y no hagan nada útil. Eso no significa tampoco que sean sobredotadas. También resultaría absurdo que si mi hijo es sobredotado haya que esconderlo, no vaya a ser que se entere y se vuelva vanidoso, o lo sepan los demás y vayan a por él. Perfecto, y de paso le ponemos un ladrillo en la cabeza para que no crezca, así no se empeñará en ser jugador de baloncesto con la de problemas que tienen, y los demás tan contentos de verle bajito. Menudo sinsentido. Es posible que uno piense: «En mi familia nadie ha salido así y en la de mi mujer no se dan esas cosas». ¿Seguro? En ese caso me temo que es probable que no conozcamos bien a nuestra parentela. Tal vez se nos oculte la existencia de algún sobredotado más cercano de lo que creemos, quizás por la vergüenza, los problemas y dificultades psicológicas que acarrea y que, sin embargo, son parecidos a los de cualquier persona que no es entendida ni atendida correctamente en su entorno familiar, escolar y social»
.

Esto es solo el principio del libro. Por nuestra aparte, poco más que añadir. Solo deciros que si tenéis un hijo o un familiar superdotado, os recomendamos que lo leáis. No es sólo afán comercial, os garantizamos que no os arrepentiréis: el libro de verdad merece la pena.

Os recomendamos que podéis adquirir el libro ¿Hay alguien ahí? Luces y sombras de la sobredotación sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí

jueves, 27 de octubre de 2016

Los sobredotados y las emociones

Probablemente la mayor dificultad vital de un sobredotado consiste en desarrollarse emocionalmente de manera sana. Es la capacidad de gestionar sus emociones, de administrar su inteligencia en suma, el principal caballo de batalla con el que estas personas tendrán que lidiar a lo largo de su vida.
Para aquellos que desconocen a los sobredotados, resulta chocante en ocasiones que personas que demuestran fácilmente su brillantez a la hora de realizar razonamientos complejos o llevar a cabo tareas de gran dificultad intelectual, encuentren al mismo tiempo enormes obstáculos para desenvolverse socialmente de una manera productiva, eficaz y gratificante.

Hay alguien ahí, Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, sobredotación, superdotados, altas capacidades,



















Marta Eugenia Rodríguez de la Torre, en su libro ¿Hay alguien ahí? Luces y sombras de la sobredotación trata muy sutilmente esa cuestión a través de la figura de Miguel, el protagonista ficticio del libro.
A lo largo de sus páginas, Marta va desgranando las diferentes etapas del crecimiento de Miguel y perfilando la construcción de sus relaciones y su desarrollo  emocional. Resulta curioso observar, dejándose llevar por la sabia y certera mirada de la autora, cómo Miguel va interactuando con el mundo y generando o sufriendo las consecuencias de las diferentes relaciones que establece. A través de su personaje, Marta nos enseña la llamativa hipersensibilidad de muchos sobredotados que, según el ambiente en el que se desarrollen, pueden estar abocados a la incomprensión más absoluta, lo cual es un fenómeno que a la inversa raramente sucede, porque es raro que los sobredotados no sean comprensivos con las flaquezas o la falta de inteligencia de los demás. Simplemente, parecen usar un doble rasero: mientras aplican la indulgencia con el prójimo, son terriblemente duros consigo mismos. No es que sean mejores o peores personas que los demás, es que su mente hiperlógica les permite ser mucho más objetivos, y por ende comprensivos, con el resto que con ellos mismos. Ahí reside en ocasiones su talón de Aquiles: los sobredotados no son buenos para analizarse y menos aún para juzgarse, por lo que demasiado a menudo acaban siendo víctimas de personas más irresponsables, ignorantes, egoístas  o simplemente crueles, y ven frustrados sus talentos por caer en manos de personas de esas características que con frecuencia los utilizan o no los tratan como sería lógico o razonable.
Evidentemente, esto no pasa siempre. Pero cuando no ocurre es porque entre el sobredotado y los que le rodean existe un clima de comprensión, entendimiento y respeto. Ese es el reto que tenemos todos: ayudar a desarrollar una convivencia fructífera entre personas de diversas capacidades. No es un reto imposible, ni mucho menos. Pero hay que empezar por desarrollar el conocimiento para poder llegar a la comprensión. Dependerá de nosotros y tendremos que esforzarnos, porque todavía nos queda mucho camino por recorrer.

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