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miércoles, 23 de agosto de 2017

Autores de Meridiano: Luis Sebastián Pascual



Continuamos con los posts de los autores de Meridiano Editorial, a continuación Luis Sebastián Pascual cuenta como le surgió la idea de escribir La pastilla verde y el proceso que vivió hasta que la idea se hizo libro.
Recordamos a los lectores que pueden adquirir este libro en: 



"Tan generalizada como equivocada -e injusta- es la idea de que las técnicas de memorización son algo propio y exclusivo de jóvenes estudiantes.
Equivocada porque, vamos a ver, ¿quién no va a realizar mejor cualquier tarea -personal o profesional- contando con una buena memoria? E injusta porque, cualquier beneficio que las técnicas pudieran proporcionar, un adulto lo pierde creyendo que eso no es para él, que solo es "cosas de críos".
Mis últimos libros sobre técnicas de memorización habían estado enfocados claramente al mundo del joven estudiante (al fin y al cabo, es quien más demanda este tipo de literatura) y en cierto modo me sentía en deuda con el público adulto, por lo que me rondaba la idea de escribir algo en esa línea. Pero, pongámonos en la piel del editor: ¿realmente habría mercado para este tipo de libro, técnicas de memorización para adultos?
Una pequeña encuesta en la web <www.mnemotecnia.es> me convenció de que sí, merecía la pena embarcarse en la aventura de un libro como La pastilla verde: técnicas de memorización para mayores de 40 años. 
Eran las navidades de 2012.
Pero escribirlo no fue fácil. Una cosa es tener claro el qué y otra es tener claro el cómo.
Una técnica de memorización es lo que es, da igual que se lo cuentes a un chaval de 15 años o a un jubilado de 65, has de describir lo mismo. Y no me apetecía repetir las explicaciones de otros libros, tenía que hacer una obra original que no se pareciese a nada de lo existente. Pero, ¿cómo?
Puede decirse que en el primer año de trabajo con La pastilla verde no escribí ni una sola palabra, ocupado en encontrar la fórmula adecuada con la que abordar el proyecto. Después de mil ideas y otros tantos descartes, decidí la línea a seguir: ¿qué diferencia a un joven de un adulto? El joven no suele tener mucha paciencia para explicaciones y quiere ir directo al grano; el adulto, por contra, es más reflexivo y no se contenta con que le digas "esto es así", has de convencerlo con unas buenas razones del porqué.
La pastilla verde, por tanto, no se limitaría a explicar las cosas, mostraría también su origen, la evolución, el propósito y el porqué las técnicas son como son. Y para convencer al lector de que todo esto no era una locura mía, cedería la palabra a otros autores, tanto antiguos como modernos, que ya trataron acertadamente del tema.
Esto supuso iniciar una importante tarea, no de investigación -todo cuanto se cuenta en el libro ya lo sabía antes de empezar a redactarlo-, pero sí de documentación; volví incluso a leer libros enteros tan solo para encontrar en qué página decía tal autor tal cosa. Preparar el guión y recopilar todos los datos citados en el texto llevó prácticamente otro año de trabajo.
Después vendría el proceso de redacción -que no es poca cosa-, presentar el borrador a la editorial, iniciar las correcciones, etc. Finalmente, en septiembre de 2016 llegaba La pastilla verde a las librerías.


Portada de La pastilla verde.

Sinceramente, si al empezar llego a ser consciente de todo el trabajo que acarrearía este libro, seguramente no lo hago. Pero también debo decir que el resultado final bien merece la pena.

Cada lector se aproximará al texto con un propósito: unos encontrarán ahí justo lo que andaban buscando, otros no tanto. Pero creo que el libro cumple sobradamente con el objetivo marcado; más allá de cual sea su edad, todas las aventuras, anécdotas, detalles, etc. alrededor de las técnicas atraparán a quien alguna vez haya sentido curiosidad por el mundo de la memorización, y formará -como no- a quienes deseen presumir de una excelente memoria".


Gracias Luis, el proceso de escribir es duro y lento, pero merece la pena.

viernes, 9 de diciembre de 2016

Proust y la memoria

En una entrada anterior de este blog, titulada ¿Es que memorizar es divertido? introducíamos al lector en el libro de Luis Sebastián Pascual titulado La pastilla verde. Técnicas de memorización para mayores de 40 años. En ese post presentábamos la asociación de imágenes como un buen recurso para facilitar la memorización.
Continuando con esta explicación, Luis Sebastián Pascual nos recuerda la famosa magdalena de Proust y nos enseña el porqué de su poder evocador:

Marcel Proust: En busca del tiempo perdido, memoria, mnemotecnia, aprendizaje, recuerdos, Luis Sebastián Pascual, La pastilla verde


UNA TAZA DE TÉ

Marcel Proust describe en su célebre novela En busca del tiempo perdido una escena muy conocida —la famosa magdalena de Proust— en la que el sabor de una magdalena mojada en té le transporta al pasado, cuando era un niño, evocándole recuerdos que creía perdidos.

«Hacía ya muchos años que no existía para mí de Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme…» pero, tras probar una cucharada de té en la que había echado un trozo de magdalena, tratará de buscar la causa del sentimiento que este sencillo acto le provoca:
«Y de pronto el recuerdo surge. Ese sabor es el que tenía el pedazo de magdalena que mi tía Leoncia me ofrecía, después de mojado en su infusión de té o de tilo, los domingos por la mañana en Combray…»
Con el recuerdo de su tía llega el de la vieja casa gris donde vivía, y con la casa el pueblo, las calles, etc. En su mente, el sabor de la magdalena estaba relacionado con el lugar donde lo experimentó por primera vez, de modo que muchos años después, al saborear de nuevo una magdalena, recupera los recuerdos asociados a ella.
«[…] así ahora todas las flores de nuestro jardín y las del parque del señor Swann y las ninfeas del Vivonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquitas y la iglesia y Combray entero y sus alrededores, todo eso, pueblo y jardines, que va tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té».
Esto es algo que todos hemos vivido alguna vez. Por ejemplo, si te preguntan por las vacaciones de aquel año en Benidorm, probablemente te des cuenta de que apenas guardas un vago recuerdo. Pero ves en televisión una avenida con palmeras y, de pronto, te viene a la memoria aquella palmera justo delante del balcón del hotel que estropeaba las vistas al mar, el mar te recuerda la playa llena de sombrillas, las sombrillas te llevan a maldecir por aquella que se atascaba y no había forma de desplegar, etc.
Esto apunta a que las cosas no permanecen en nuestra memoria como unidades aisladas, sino formando un entramado, una especie de red en la que los recuerdos están relacionados entre sí de modo que uno lleva a otro, y ese al siguiente, etc.
De hecho, cuando queremos acordarnos de algo, instintivamente nos ponemos a pensar en cosas cercanas a aquello que tratamos de recordar, con la esperanza de dar con algún elemento que nos lleve hasta el dato buscado.
Por ejemplo, ¿cómo se llamaba aquel profesor que tenías de niño? Intentando recordar el nombre seguramente te pongas a pensar en el colegio, la mochila con los libros, el pupitre, la pizarra, los compañeros de clase, aquel que una vez hizo una rima con su nombre… ¿Cómo era? «Don Serafín, no tiene fin» —entonces, siendo niños, se os antojaba muy alto—. Pues ahí está, a través de aquel compañero de clase te has acordado de la rima, y con la rima ha llegado el nombre: se llamaba Serafín.
Por eso decía Aristóteles que:
«Esa es la manera en que los hombres intentan recordar, como también la manera en que recuerdan, aun cuando no lo intenten: es decir, cuando un movimiento o impulso se sigue o sigue a otro».
Para el antiguo filósofo, recordar no es más que seguir la cadena de pensamientos que nos llevan hasta el dato buscado. Pero, para lograr el éxito, «se debe asegurar el punto de partida», es decir, debemos estar seguros de que existe una relación entre el dato a recordar y un elemento inicial que nos lo evoque.
¿Cómo formar ese vínculo o relación? Pues mediante fantasías tan singulares como la descrita al principio, donde la figura de la presentadora de las noticias de mediodía (elemento inicial) nos lleva hasta la pastilla verde (dato a recordar).

Os recomendamos que podéis adquirir el libro La pastilla verde. Técnicas de memorización para mayores de 40 años sin gastos de envío en la web de Meridiano Editorial, pinchando aquí.